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LAURA Y ESTEBAN

“El tratamiento era simple, pero se trataba de algo que jamás había escuchado: GAMMAGLOBULINA”

 

Cuando uno se siente mal, ya sea tengas un dolor de muelas, un resfrío o un simple raspón, en ese momento lo único importante es encontrar una solución de sanación; para ello, normalmente recurrimos al médico, que nos facilita el medicamento adecuado para el malestar que nos aqueja. Mi caso es el de una persona de 40 años que ha sufrido desde la infancia varias enfermedades infecciosas. Mi día a día se veía rodeado de diferentes medicinas que servían de “parche” para los malestares que sufría, como quien pincha un neumático del automóvil, “emparcha” y sigue rodando hasta que una nueva avería se presenta y vuelves a “parchar”.

Por momentos me sentía bien, pero esos momentos eran muy cortos y nuevamente el malestar se apoderaba de mi cuerpo. Llegué a pensar, incluso, que podía ser psicológico, alimenticio, o que, un estado hipocondríaco controlaba mi salud.

Estaba cansado de consultar con médicos de distintas especialidades, neumólogos, clínicos, infectólogos, gastroenterólogos, etc., porque ellos solamente me auxiliaban por el malestar del momento, lo cual claro que yo agradecía, pero no se resolvía la causa.

Era desesperante sentirse bien, sabiendo que esa sensación sería transitoria, y que, en cuestión de días o semanas, yo regresaría a tomar antibióticos, quizás esta vez en mayor dosis, porque la misma infección estaría exacerbada.

Era un enfermo crónico, pero sin diagnóstico.

La sensación era desesperante. Sinusitis y neumonías incontables, que dejaron cicatrices en mis pulmones. Fueron 28 años de deambular como un enfermo crónico, un paciente “incómodo” para ciertos médicos que no veían más allá. Hasta que hace exactamente 12 años, me senté frente a una inmunóloga que me entendió, que me escuchó: la Dra. Liliana Bezrodnik, y ella me explicó mi patología, me explicó que todas las enfermedades que sufría se debían a una falla en mi sistema inmune y que mi falla se llama Inmunodeficiencia Común Variable.

Me sentí tranquilo: ya sabía por qué mi sistema respiratorio, gastrointestinal, cutáneo, y demás funciones de defensa, no me acompañaban a vivir saludablemente.

El tratamiento era simple, aunque se trataba de algo que jamás había escuchado: GAMMAGLOBULINA. Ella sería fundamental para mi salud.

Lamentablemente, es una medicación poco conocida entre los médicos, y de difícil obtención a través de los prestadores de servicios de Salud del Estado en la Argentina. Pero éste es el tratamiento necesario para sobrevivir a una Inmunodeficiencia Primaria. Con la gammaglobulina mensual, puedo trabajar, tener una vida normal, ser feliz, disfrutar, viajar, casarme, tener hijos, disfrutar una cena con amigos, y sobre todo, no sentirme mal.

Con este tratamiento recuperé mi vida.

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